sábado, 6 de febrero de 2016

LA BIODANZA LA DANZA EMOCIONAL DEL CEREBRO

El nivel de éxitos y felicidad del ser humano depende mucho de nuestra capacidad de desarrollo de nuestra inteligencia emocional. La biodanza es un sistema de integración socioemocional que nos ayuda a cambiar y reescribir nuestra historia emocional para transformar nuestra
vida en aquello que deseamos Sabemos, que cuando danzamos,
nuestro cuerpo se mueve, pero
no todos experimentamos que con el
movimiento, también danzan las emo￾ciones. Ellas son el principal motor que
nos mueve a la acción, sin la motivación
que nos proporcionan, nos costaría
mucho levantaríamos de la cama cada
mañana y hacer la mayoría de las cosas
que llenan nuestra vida de sentido y
felicidad.
Creo que todos hemos experimentado la diferencia que existe entre la
acción que nace la emoción, y la que
nace de la obligación o el pensamiento.
Desde la primera, el viaje es menos
costoso y ligero, como si fuéramos movidos por una fuerza invisible que nos
empuja. Pero es conveniente mantener
siempre entrenado el “músculo de la
voluntad” para que nuestra vida no se
pare cuando nos falten emociones que
nos movilicen para actuar.
A través de las distintas líneas de
vivencia; vitalidad, creatividad, afectividad, sexualidad y trascendencia, la
biodanza nos ayuda a equilibrar y armonizar nuestras emociones y potencia especialmente las que nos dan un impulso
positivo hacia la vida. Pero también
trabaja con categorías del movimiento
que precisan de control voluntario y
refuerzan las vías sensoriales y motoras
del cerebro, desarrollando más destreza, expresión y sensibilidad corporal.
La riqueza de nuestro repertorio
emocional es inmensa comparada con
el cerebro primitivo que carece de
control de emociones, y que se llama
también reptiliano, porque apareció
en los reptiles por primera vez. Con los
mamíferos aparece el sistema límbico,
también llamado cerebro emocional,
que incluye a la Amígdala, el centro de
las emociones básicas de supervivencia,
como el miedo. Es un detector rápido e
hipersensible, que ante cualquier estí-
mulo que sea detectado como posible
situación de peligro, dispara rápidamente
la respuesta de “lucha o fuga”.
En el ser humano existe una región del
cerebro, la corteza pre-frontal, que se
encarga de hacer una evaluación más
detallada de la situación y controla la
respuesta de la amígdala.
Todos nuestros recuerdos negativos
de los primeros años de vida, quedan
grabados a fuego en nuestra amígdala,
y se convierten en respuestas automáticas
e involuntarias ante pequeños
estímulos que relaciona con estas experiencias
grabadas. Como la corteza
pensante tiene una respuesta más
lenta que la amígdala, porque tarde
más tiempo en evaluar la situación
real, muchas veces la amigdala dispara
la respuesta adrenérgica de ”lucha o
fuga” ante situaciones no justificadas.
Esto es lo que llamamos “rapto o secuestro
emocional”, donde el miedo
se apodera de nosotros sin permitirnos
reaccionar de una forma lógica o racional.
Por eso solemos decir que antes
de reaccionar ante una situación, respiremos profundo, porque ese tiempo
es suficiente para que la corteza evalúe
la situación y nos permita dar una respuesta más adecuada a la situación.
Antonio Damasio, uno de los
Neurocientíficos más importante de la
actualidad, publicó en el 2010, el libro
“Y el cerebro creó al hombre”, donde
explica que las emociones aparecieron
evolutivamente antes que la mente
pensante y postula que “las emociones crearon el cerebro”. Lo que está
ampliamente demostrado, es que el
aprendizaje y la memoria, dependen
totalmente de nuestro estado emocio￾nal. Cuando estamos emocionalmente
alterados, nuestro cerebro deja de funcionar adecuadamente y no podemos
pensar ni recordar.
Las vías de comunicación entre
nuestros dos cerebros (límbico y neocortex) se crean principalmente durante
el desarrollo uterino y en los primeros
meses de vida. Por eso, ese periodo es
crítico para garantizarnos una buena
capacidad de aprendizaje y salud emocional. Las vivencias que generan estas
conexiones, es lo que Rolando Toro, el
creador de la Biodanza, llamó “protovivencias”.
El ejemplo siguiente nos servirá
para entender cómo se graban y modifican los mensajes en el cerebro. Los
bebes utilizan el llanto como lenguaje
para expresar sus necesidades. Si su
llamada no es atendida una y otra vez,
la amígdala generará una respuesta
de stress que no permite una buena
conexión entre el sistema límbico y la
corteza pre-frontal. Se quedará grabado un menaje automático de que
expresar sus necesidades y emociones, no sirve para nada, y aprenderá
a esconderlas y a responder de forma
automática e inadecuada a cualquier
situación que tenga algún elemento del
recuerdo grabado. Esta vivencia repetida se almádena en el cerebro, dejando
una huella neuronal tan fuerte, que
condicionará sus respuestas a lo largo
de toda la vida, si esa huella no es bo￾rrada o sustituida por otra. Para borrar
las fuertes huellas emocionales nega￾tivas que se grabaron con un lenguaje
gestual y emocional, es mejor utilizar el
mismo lenguaje que las generó.
Este es el motivo por el que la
biodanza utiliza una metodología vivencial y un lenguaje gestual y emocio￾nal, donde la repetición de las nuevas
vivencias mediante la asistencia regular
dentro del mismo grupo, es fundamental￾para que los cambios se produzcan
y se estabilicen. Un ambiente enriquecido de ecofactores positivos, ejercicios
precisos con músicas adecuadas, y el
continente afectivo del grupo, hacen
posible que los participantes empiezan
a cambiar sus vivencias negativas por
otras de aceptación, respeto, valora￾ción, reconocimiento, unión, afecto,
alegría y validación de la expresión,
entre otros muchas.
Desde que las investigaciones
sobre neurociencia descubrieron la
plasticidad neuronal (la capacidad que
tiene el cerebro de seguir creciendo
y desarrollándose a lo largo de toda
la vida), ya no tiene sentido culpar a
nuestro pasado de todos los proble￾mas actuales. Ya que podemos cambiar
las carreteras de comunicación entre
nuestros dos cerebros, por otras más
transitables, que nos permitan respon￾der a lo que nos pasa, en vez de reac￾cionar inconscientemente con patrones
involuntarios del “niño herido”, que no
se adaptan a las nuevas realidades que
estamos viviendo.
Cuanto más aprendamos a leer los
gestos que van asociados a las distintas
emociones, más preparados estaremos
para interpretarlos y reconocerlos en
los bebes y en todas las personas que
nos rodean. La inteligencia emocional
puede entrenarse y mejorarse con la
práctica repetida, y de todos los tipos
de inteligencia, es la que más garantiza
el éxito personal y profesional. ¡Sin
duda es algo en lo que vale la pena
invertir!
Aunque vivimos en una sociedad
muy relacional, donde el contacto con
los otros es permanente, la cultura
no favorece la expresión de las emociones primarias, es más, las reprime.
Por eso, desde nuestra infancia y de
forma inconsciente, aprendemos a
sustituirlas por otras emociones, culturalmente más aceptadas, que se llaman
“adaptativas”. Esto va desvinculando
cada día más nuestras emociones de
nuestros actos, creando disociaciones
que se manifiestan en nuestro cuerpo,
mediante corazas o anillos de tensión,
que Wilhelm Reich llamó corazas
caracterológicas. Rolando Toro, creo
toda una serie de ejercicios, llamados
segmentarios, que actúan disolviendo
lentamente esas corazas, restablecien￾do la integración perdida, entre acción,
pensamiento y emoción.
Si la sociedad y la cultura no propician el desarrollo de nuestra inteligencia emocional, tendremos que
buscar otros medios para ejercitarla.
La biodanza es un sistema que sacu￾de el árbol de las emociones de una
forma progresiva, a través de músicas
y danzas específicas, donde el grupo
y el facilitador aportan el continente
afectivo que ayudan a que las nuevas
experiencias emocionales se traduzcan
en cambios neuronales. Eso es posible,
porque la forma en la que accedemos
a ellas, es a través del mismo lenguaje
que el de nuestra infancia, movimien￾to y gestos emocionales verdaderos
y sentidos. Del mismo modo que la
lluvia por fuerte que caiga, no nos cala
si estamos totalmente impermeables,
la Biodanza no nos transforma por el
mero hecho de hacer las danzas; hay
que vivenciarlas (sentirlas y expresarlas). En más de diez años facilitando y
formando en biodanza, no he conocido
a nadie que haya danzado de forma
regular, como mínimo 3 meses, y no
haya mejorado su vida.
Tu decides si quieres seguir reaccionando y culpando a otros de lo que te
pasa, o limpias y reescribes tu historia
emocional, y te proyectas hacia un
futuro mejor.
Pilar Peña
Facilitadora y Didacta de Biodanza Dra. En Biología Molecular
www.pilarBiodanza.com

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