Resumen
Con el presente artículo pretendemos ofrecer una ayuda a los maestros de música en la etapa temprana del niño. Para
ello aportamos una serie de propuestas metodológicas con actividades concretas de creación propia. Además,
consideramos imprescindible que, tanto los padres como todos los docentes, conozcan los beneficios del estudio
musical desde edades tempranas para el desarrollo integral de la persona.
Hay que seleccionar estos recursos atendiendo a la edad y características peculiares de los niños, los cuales aprenden y
asimilan con facilidad y rapidez todo lo que reciben. Para llevar a cabo estas actividades, hemos tenido siempre
presente los objetivos didácticos que queremos conseguir en todo momento, trabajando los dos ejes fundamentales.
1. Introducción
Desde antes de nacer, el niño ya percibe sonidos en el vientre materno. La importancia
del entorno sonoro en la persona es fundamental para desarrollar su capacidad de comunicación.
Malagarriga y Valls (2003: 11) afirman que:
“el sonido rodea al niño desde los primeros momentos de la vida, ya sea porque él mismo lo
produce, ya sea porque surge en su entorno, y el interés que demuestra hacia el mundo sonoro
indica hasta qué punto los sonidos desarrollan una función básica en los inicios de la
comunicación humana”
Muchos son los estudios que nos hablan sobre los beneficios de la música en el desarrollo
integral de las personas, a nivel físico, mental y espiritual (Velilla, 2008). Además, se consiguen
despertar todos los sentidos así como las capacidades de atención y concentración. Para realizar
actividades con bebés es necesario fijarse en la tradición. Nuestras abuelas cantaban canciones de
cuna y acariciaban a sus bebés para calmarlos, les hacían juegos sobre sus rodillas, juegos con
movimientos y también utilizaban canciones y recitados para adquirir conocimientos (las tablas
de multiplicar, los colores del arco iris, etc.).
De todos es sabido que toda enseñanza musical se basa en dos pilares fundamentales: la
percepción y la expresión. Los procesos perceptivos y sus elementos son la base de la audición;
pero tan importantes como éstos son los procesos expresivos (Montoro, 2004). Además añade que
“si se pretende que un niño cante bien, baile bien y su formación instrumental sea buena, hay que
educarle el oído”. Por tanto, si la percepción musical se lleva a cabo a través de la audición, la
expresión musical se lleva a cabo a través del canto, el movimiento, la danza y la práctica instrumental. Esto nos lleva a la propuesta didáctica de la «audición activa». Los grandes maestros
como Willems, Kodaly, Orff o Dalcroze, han fundamentado sus pedagogías en la unión de estos
dos elementos. Los pedagogos musicales tienen que mostrar interés y entusiasmo hacia las
actividades musicales y su metodología de enseñanza debe ser abierta y flexible (Hemsy de
Gainza, 1982).
De tal forma, la audición en edades tempranas debe ser en primer lugar afectiva,
comprensiva y gratificante. Debe fijarse en elementos palpables y sujetos a discriminación y que
tengan lugar en su concepción de la realidad y sus posibilidades de aprehensión. Todo esto se
basa en la observación sensorial, la exploración, el descubrimiento y la discriminación de
elementos sonoros de su entorno más cercano. Las audiciones activas se realizan a través de
canciones y obras cortas adecuadas a su edad. Evocan acciones, gestos, situaciones o parámetros
sonoros que les llevan a captar su atención y su expresividad musical, siendo unos sonidos más
efectivos que otros dependiendo del tono, intensidad y ritmo (Rodrigo, 2000).
Para la formación auditiva se pueden hacer los siguientes ejercicios de reconocimiento de
varios sonidos: primero, los sonidos del entorno (voces familiares, teléfono, reloj, arrugar papel.,
etc.); segundo, de la naturaleza (canto de los pájaros, el viento, la lluvia...); tercero, sonidos
producidos por el propio cuerpo (manos, pies, voz, etc.); cuarto, sonidos presentes en el aula
(instrumentos escolares); y quinto, grabaciones de canciones y obras musicales. El juego es la
actividad que mejor puede introducir al niño en la percepción auditiva.
En cuanto a la expresión musical, uno de sus elementos fundamentales en la educación musical
temprana es el canto. Los padres son el primer modelo a seguir y tienen que trasmitirles a sus
hijos el gusto por cantar, siendo una importante fuente de imitación. El canto, como fusión de
música y lenguaje, es el vehículo ideal para desarrollar la expresión y la comunicación. Las
canciones son un elemento básico del comportamiento musical cotidiano, por lo que es necesario
que los alumnos durante toda su escolarización conozcan muchas canciones que les aporten
variedad expresiva, tengan interés y significación para ellos y puedan expresarse y comunicarse
cantando. Serafina Poch nos dice en cuanto a las canciones infantiles, que deben ser cortas, muy
repetitivas, que sea comprensible el texto para el niño y fácil de cantar. Lo que pretendemos es
que el niño se acerque a diversos tipos de repertorios (clásico, popular, infantil, moderno…),
siendo una condición básica que suscite su interés (Poch, 1999). Lo que verdaderamente interesa
es que el niño aprenda a utilizar su propia voz como instrumento, a cantar siguiendo el ritmo y la
entonación, en definitiva que '''disfrute, explore, elabore, se exprese" y utilice para ello las
posibilidades que le ofrece su cuerpo, en este caso su voz, el instrumento más importante (Bernal
y Calvo, 2003).
Por otra parte, son esenciales también para desarrollar las capacidades expresivomusicales de los niños las actividades tanto de ritmo y movimiento como las instrumentales,
puesto que despiertan un gran interés en ellos. El juego es uno de los recursos básicos para
llevarlas a cabo, pues supone una fuente de motivación en el alumno. Hay que tener en cuenta
que la puesta en práctica de estas actividades siempre tiene que ir de lo sencillo a lo difícil,
aumentando progresivamente el grado de complejidad. De tal modo, tanto los diseños rítmicos a
trabajar como las instrumentaciones tienen que adecuarse a la edad de los niños.
Para finalizar esta introducción, señalamos los objetivos didácticos que queremos conseguir;
con las actividades musicales que proponemos a continuación en la etapa de 0 a 6 años:
Descubrir su propio cuerpo y el espacio que le rodea
Experimentar con su entorno sonoro
Disfrutar de la música mediante un repertorio atractivo de canciones
Reconocer el sonido de algunos instrumentos
Aprender a cantar un repertorio básico y sencillo
Familiarizarse con el lenguaje musical a través de sus propias vivencias musicales
Iniciarse en la escucha musical de un repertorio clásico
Gozar de la música mediante audiciones musicales lúdicas
Desarrollar las capacidades relacionadas con la psicomotricidad
Favorecer el desarrollo intelectual del niño.....
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